01 Dic Vence quien se adapta
En 1922, el comité revolucionario conmuta la pena máxima al conde Aleksandr Ilich Rostov por un arresto domiciliario inaudito: deberá pasar el resto de sus días en el hotel Metropol, microcosmos de la sociedad rusa y conspicuo exponente del lujo y la decadencia que el nuevo régimen se ha propuesto erradicar.
Un caballero en Moscú, de Amor Towles, se publicó en España por primera vez en 2018, aunque se ha reeditado con una cubierta diferente en marzo de 2025 para conmemorar los veinticinco años de la editorial Salamandra.
La novela sigue la vida del Conde Aleksandr Rostov, un aristócrata ruso condenado en 1922 por el gobierno bolchevique a vivir bajo arresto domiciliario en el hotel Metropol, en lugar de ser ejecutado o deportado, como muchos opositores al régimen, gracias a que estamentos superiores del Partido Comunista lo consideraron «uno de los héroes de la causa prerrevolucionaria». Desde ahí Rostov presencia los cambios convulsos que experimentará la URSS durante las tres décadas que dura su encierro.
La obra está a medio camino entre la novela histórica, la narración filosófica y el retrato íntimo de un hombre frente a la adversidad. A lo largo de sus quinientas nueve páginas, el autor reflexiona sobre el tiempo —cuidadosamente mostrado mediante escenas que transmiten parsimonia, elegancia y poesía—, la identidad, la adaptación al cambio, la dignidad humana, la elegancia moral para asumir los reveses de la vida, la libertad interior frente a la reclusión impuesta, el poder salvífico del amor y la capacidad del ser humano para encontrar belleza y sentido incluso en las circunstancias más adversas.
Especie de laboratorio moral
Con un estilo a veces cinematográfico nos muestra que lo que empieza siendo una condena acaba convirtiéndose en la oportunidad de experimentar una profunda transformación y que la cárcel, el Metropol, con sus pasillos, comedores y habitaciones secretas a los que accede gracias a la llave que le da Nina, la niña que cambiará su vida, es una especie de laboratorio moral donde habitan personajes de muy diversa ralea con sus miedos, esperanzas, fracturas y su intento por sobrevivir en un régimen político represivo que ha desdibujado la línea entre lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo. Lo que podría haber sido una historia de decadencia y resignación se convierte en una exaltación a la profunda capacidad de transformación del ser humano y un alegato a favor de la dignidad independientemente de la dureza de las circunstancias por las que se atraviese.
El título, Un caballero en Moscú, representa a la perfección al protagonista: un gentleman que asume su destino con estoicismo, que no abandona su tierra «porque echaba de menos el clima», como irónicamente contesta al tribunal que lo juzga, que resiste a través de la cortesía, la cultura, la amistad, el sentido del humor y del honor, y que demuestra que la elegancia puede convertirse en una forma de rebelión y que se puede ser libre entre cuatro paredes si se es capaz de mantener la coherencia interna. Así, repetir día tras día sus costumbres aristocráticas: beber su vasito de vino, leer a Montaigne, almorzar en el restaurante y acudir a la barbería del hotel, se convierte en su forma de mantener la cordura y preservar su humanidad.
Por su parte, el hotel Metropol, su espacio vital, un edificio lleno de historia, verá entre sus paredes el paso del zarismo a la revolución, la purga estalinista, la Segunda Guerra Mundial y los años de consolidación de la Unión Soviética. Su evolución durante las tres décadas que Rostov vive en él —el cierre del bar, la progresiva depauperación de los fastuosos ramos de flores que se preparaban en la floristería del hotel, los cambios en el menú para sortear la escasez de alimentos, la vigilancia creciente del director y demás funcionarios del gobierno, el cambio de huéspedes: antes, aristócratas y ahora, burócratas que vivirán tan bien como los anteriores— reflejan la historia de un país y de un régimen que logró hacer de la URSS una gran potencia a costa de la vida y la libertad de millones de personas.
La perfección como forma de resistir
También es el lugar donde las relaciones humanas florecen como en un pequeño oasis y en el que cada persona puede ser lo que es y establecer vínculos afectivos salvíficos: Nina, la niña aventurera que simboliza la curiosidad y la fe en un régimen que la acaba engullendo; Mishka, el poeta y amigo de Rostov que representa la inteligencia crítica sometida por un régimen represivo; Anna Urbanova, famosa actriz y amante del conde que encarna la búsqueda de la identidad y de las segundas oportunidades; Sofía, la hija de Nina, una joven reservada, sensible y con gran talento musical que le da un propósito de vida al conde; Emile, el chef que, haciendo de la necesidad virtud, busca la perfección como forma de resistir, Arkady, el barman, excelente conversador y símbolo de la verdadera camaradería…
La aparición de Sofia, la hija de Nina, marca la transformación del conde, redefine su existencia y le da un propósito de vida. Su talento para la música le permite a este seguir asido al mundo, a la belleza y a la esperanza y así, la criará convencido de que a los hijos hay que darles alas, que hay que «atreverse a ir más allá del alcance de nuestra mirada vigilante para suspirar con orgullo cuando, por fin salgan por la puerta giratoria de la vida». Gracias a ello, la historia se cierra de un modo tan emotivo y coherente que, por fuerza, deja huella en la persona lectora.
En definitiva, Un caballero en Moscú es una obra deliciosa, inteligente y humanista en la que el autor nos invita a recapacitar sobre el valor de mantener nuestra integridad y nos muestra que la resistencia más profunda puede encontrarse en los detalles más pequeños: en la forma de preparar un guiso, tomar una copa de vino con los camaradas, escuchar una pieza musical o dejar pasar el tiempo «con la parsimonia del tránsito de las estrellas por el firmamento», y que, al final, vence quien se adapta, como las polillas moteadas de Mánchester, metáfora a la que Towles recurre en uno de sus capítulos.
Una novela imperdible.
Ilustración de Lawrence Fellows.

Contadora de historias y buscadora por pura necesidad. Escribo porque una sola vida, aunque fuera centenaria, siempre me sabrá a poco.
