Santiago Díaz: «Creo que los diálogos revelan muy bien a los personajes»

El amo (Alfaguara) es la segunda novela de una trilogía en torno a la figura de Juan de Dios Cortés, Jotadé, un subinspector de policía gitano que apareció como secundario en la saga dedicada a la inspectora Indira Ramos (El buen padre, Las otras niñas e Indira). Santiago Díaz (Madrid, 1971), su autor, es guionista de cine y televisión con cerca de seiscientos guiones escritos. He leído sus ocho novelas con interés y todas me atrapan porque son absolutamente adictivas. Por este motivo las recomiendo ad nauseam. Y nadie ha quedado desencantado. Se nota que Santiago disfruta muchísimo escribiendo, lo transmite. Esta entrevista se realizó a través de decenas de wasaps de voz.

—¿Qué se va a encontrar el lector en El amo?

—Bueno, el lector de El amo se va a encontrar lo mismo que en las anteriores novelas, o sea, mucha acción, mucho giro, y un personaje muy especial que seguirá dando juego e intriga. Pero a diferencia de la primera entrega, donde hay una investigación muy abierta, ahora nos encontramos con una investigación más tradicional, en la que Jotadé tiene que buscar a un secuestrador y asesino. Creo que los lectores se lo van a pasar muy bien.

¿Cómo se le ocurrió la idea de crear un policía gitano?

—Soy de la opinión de que los personajes tienen que tener problemas, que su vida personal tiene que afectar a su vida laboral, en este caso, a sus investigaciones, porque así ambas tramas se retroalimentan. Y estaba explorando un personaje que, al igual que Indira en la anterior trilogía, llevase los problemas con ella por ese TOC relacionado con el orden y la limpieza que tenía. Ahora buscaba un personaje que funcionase de la misma manera, que él fuese el problema en sí. Y pensando, me di cuenta de que un policía gitano le iba a causar problemas allá donde fuera: en la comisaría, por ser precisamente gitano, y en su comunidad, por ser policía. Me parece que ese tipo de personajes incomprendidos, que nadan en diferentes aguas, en diferentes mundos, funcionan muy bien. Y aparte, me aportaba el humor, que creo que es necesario en este tipo de tramas tan duras, para rebajarlas un poquito, sobre todo por su forma de expresarse y de hablar.

—Sus diálogos son muy logrados, realistas, muy de calle. ¿Cómo lo ha conseguido?

—Gracias por lo de los diálogos logrados. Como bien sabes, es una de las cosas que más me gusta. Yo creo que los diálogos revelan muy bien a los personajes. Con una simple frase del personaje puedes saber cómo es sin necesidad de explicarlo en una página. Y yo me he tirado muchos años dialogando en series de televisión, en telenovelas, y ahí coges mucho callo. Y sobre todo tienen que ser directos y reales, o intentar por lo menos que lo parezcan. Creo que con eso se consiguen diálogos creíbles, divertidos y muy directos.

Nos ha comentado en otras ocasiones que es más de mapa que de brújula.

—Sí, totalmente, yo soy más de mapa que de brújula. Yo, antes de sentarme a escribir, sé exactamente hacia dónde voy: me he creado una escaleta, conozco el final de mi novela, conozco los principales giros de cada una de las tramas… Aunque después, a la hora de escribir, te puedes dejar llevar un poquito y así lo disfrutas más. Pero para mí es inconcebible sentarme a escribir si no sé hacia dónde voy o qué dirección va a tomar el relato.

Los Soprano es mi serie preferida y en esta saga encuentro bastantes guiños a ella.

—Bueno, efectivamente, Los Soprano para mí es una serie insuperable, la he visto muchísimas veces. Me encanta ese mundo, cómo lo relatan, y siempre quise escribir unos Soprano a la española, para la tele, aunque hasta ahora nunca tuve la oportunidad. Y aquí, con Jotadé, pude hacerle un guiño en ese sentido y crear una familia muy parecida a la de Los Soprano, en la que Jotadé busca culpables sobre el asesinato que está investigando. Y lo he disfrutado muchísimo. Hay además nombres de algunos personajes que son guiños totales a la serie, como puede ser Carmela, la mujer de Hilario, que se llama así por la mujer de Tony Soprano. Y Tony, el hijo, que es un homenaje más directo.

—¿Cómo se puede sorprender al lector en 2026?

—Es complicado seguir sorprendiendo a los lectores en el 2026 porque ya tienen mucho bagaje, han leído mucho, han visto muchas series y películas. Pero creo que una de las características y de las virtudes, para mí, de este género que tanto nos gusta, es que puedes juntar en él muchísimos subgéneros que mantienen el interés. Puedes hacer enigma, y si se te estropea el enigma porque alguien descubre el asesino antes de tiempo, también tienes novela negra pura, que se mueve por ambientes donde suceden cosas malas… Tienes policial, tienes historias de amor, tienes tantos géneros que yo creo que se consigue mantener el interés. E intentar, claro, sorprenderlos con algunos giros.

Han pasado siete años desde que publicó Talión, que acaba de reeditarse en Reservoir Books aunque revisada y corregida. ¿Cómo ha sido este proceso?

—Desde que escribí Talión, ha sido un proceso sorprendente. Yo, cuando escribí esa primera novela, lo hice como un juego. No me imaginaba ni por asomo que iba a poder dedicarme a escribir novelas y vivir de ello. Para mí ha sido un aprendizaje continuo. Creo que con cada novela he ido mejorando, he ido aprendiendo cosas, he ido aplicando todo lo que he hablado con mis editoras, el feedback de los lectores… Sigo disfrutando mucho escribiendo y espero que pueda seguir haciéndolo por muchas novelas más.

—José Saramago afirmaba que escribir es un trabajo, que el escritor no es un ser extraordinario que espera las hadas. ¿Está de acuerdo?

—Totalmente de acuerdo con Saramago. Es lo que te decía sobre trabajar antes en una escaleta, en saber hacia dónde va la novela, en ese mapa del que hablábamos, ¿no? Si estás sentado esperando que una inspiración, unas hadas o como lo quieras llamar, te dé ideas para tu novela, va a ser complicado. A mí por lo menos nunca me ha sucedido. Pero en cambio, si has trabajado antes en la trama, en los giros, en la finalidad y en la dirección de tu relato, es más fácil que encuentres detalles y cosas que puedan funcionar.

—¿Sigue una disciplina/rutina para escribir?

—Sí. Mi rutina diaria es ir todas las mañanas al gimnasio y sentarme a escribir al volver a casa, a eso de las once de la mañana hasta las tres de la tarde. Después de comer, me gusta ver series y leer para estar un poquito informado de lo que sucede en nuestra profesión. Y después, por la tarde, vuelta a escribir, desde las cinco en adelante. Hay veces que a las siete ya estoy cansado y lo dejo, pero hay ocasiones que aguanto hasta las once de la noche. Y eso de lunes a viernes, aunque algunos sábados también lo hago.

—¿Piensa en un lector determinado a la hora de escribir?

—No, pienso en lo que me gustaría leer a mí. Creo que así funcionan mejor las cosas, porque si estás buscando algo que no te sale solo para gustar a los demás, al final no funciona y se hace muy tedioso. Escribo lo que me gusta y por fortuna le está gustando a mis lectores.

—¿Tiene alguna superstición a la hora de escribir?

—No tengo supersticiones porque dicen que da mala suerte [se ríe].

—¿Corrige mucho?

—Sí, corrijo muchísimo. Es donde pierdo más tiempo, pero creo también que es necesario. No soy capaz de seguir adelante si no estoy totalmente convencido de lo que he escrito anteriormente. Así que vuelvo mucho para atrás, corrijo, borro, reescribo… Y eso hace que cada vez esté más seguro del relato y pueda avanzar con seguridad.

—¿Cuándo comenzó a escribir y qué le motiva a hacerlo?

—Comencé a escribir guiones de manera totalmente casual. Yo trabajaba en un colegio como profesor de educación física y un verano decidí escribir una historia. Me gustaba mucho leer, me gustaban mucho las series, y lo hice como un juego y un entretenimiento. Se me debe de dar bien porque después de aquello me contrataron para una serie y descubrí mi verdadero vocación, que es la de contar historias.

—¿A quién le deja leer sus manuscritos antes de ser editados?

—Tengo mis lectores de confianza, como son mi pareja, mi hermano Jorge, que también es escritor, varios amigos, algunos de ellos guionistas, que son sobre todo gente que son capaces de decirte la verdad. Esto es muy importante a la hora de buscar a alguien que lea tus manuscritos. Porque tu lector de confianza te tiene que decir a la cara que algo no le ha gustado o no lo ha comprendido. Esta es la manera de ayudarte a mejorar.

—¿Dónde escribe? ¿Cómo es ese sitio?

—Escribo habitualmente en mi despacho, un espacio normal donde tengo mis libros, mis cosas, mi mesa, mi ordenador y, sobre todo, mucha tranquilidad. Pero ahora, con las giras, me he acostumbrado a escribir en hoteles, en aviones, en salas de espera… Me toca concentrarme en muchos lugares diferentes a mi despacho.

—¿Cómo se clasificaría como escritor?

—Me clasificaría como un escritor honesto, en el sentido en que doy en cada novela todo lo que tengo. Me esfuerzo para que la gente se siga sorprendiendo y pasándolo bien. Procuro vaciarme y no dejarme nada para el futuro. Creo sinceramente que esto el lector lo percibe.

Fotografía de Juan Antonio Sánchez.



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