‘Á xente do mar’ en busca de sentido

En 2022, el pesquero Alacrán se hundió en las costas canadienses tras un temporal marítimo y solo sobrevivieron dos de sus veinticuatro tripulantes. Después del juicio aparece muerto Raúl Barros, el presidente del conglomerado empresarial propiedad del pesquero, junto a su única hija, por lo que los miembros de la junta directiva de la naviera lucharán por el control de la compañía.

Una de las partes más bonitas y reconfortantes de este oficio invisible como es el de asesor literario es ver nacer proyectos, acompañarlos y tenerlos unos meses o años después entre mis manos, en formato libro de papel, tras mucho trabajo y muchas horas de dedicación artesanal. Esto es lo que me sucede ahora con esta novela de mi cliente Eduardo Fernán-López, El balanceo del Alacrán, publicada en octubre de este año en Destino, la editorial perfecta para una novela negra de calidad como esta. Siempre pensé que era el sello adecuado. Así se lo dije cuando leí el manuscrito por primera vez en el verano de 2023. Y no me equivoqué.

Alguna persona suspicaz podría pensar que no voy a ser objetivo en esta reseña. Puede que tenga razón. Pero quizás nadie sea objetivo cuando pergeña una crítica literaria, ya que todas, opino, son subjetivas y personales. ¿O no?

La primera obra de Eduardo Fernán-López, residente en Vigo pero nacido en la localidad zamorana de Villalpando en 1985, fue La dentellada (Titanium, 2021), una novela negra que llamó la atención de los lectores por su final impactante y con la que ha ganado unos cuantos premios en festivales especializados. Una excelente carta de presentación.

Ahora publica su segunda novela en uno de los grandes sellos españoles, dentro de la colección Áncora y Delfín, muy centrada desde hace unos lustros en novela policial o criminal. Es curioso, porque este tipo de narrativa no figuraba en la jerarquía de la alta literatura cuando se inició esta colección en 1942 con el volumen Cavilar y contar de Azorín.

Hundimiento moral

El balanceo del Alacrán está protagonizado por el inspector Tristán Negreira y la subinspectora Virginia Almada, del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional de Vigo, que tienen que investigar un doble crimen cuyos motivos se remontan mucho tiempo atrás, también relacionados con el hundimiento del pesquero Alacrán en 2022 en las costas canadienses, en el que solo sobrevivieron dos de sus veinticuatro tripulantes. El escritor no se ahorra las zonas incómodas, por las que desfilan una maravillosa galería de personajes en esta novela noir casi coral.

El esclarecimiento de las muertes viene acompañado de un análisis del entorno del suceso y de un componente reflexivo, en el que el lector se verá trasladado sin darse cuenta a todos esos barcos pesqueros y buceará, hasta límites insospechados, en las procelosas aguas del alma humana. Y sentirá desasosiego ante la llegada del desenlace porque eso equivaldrá al crepúsculo de un placer perenne.

No es una novela sobre el hundimiento del Villa de Pitanxo, como he leído en alguna publicación, sino un homenaje a todos los gallegos víctimas de naufragios. Un epitafio de casi quinientas páginas. Si están buscando una historia sobre ese caso concreto, no es este su libro. La trama contiene partes de muchas historias que le han contado al autor la gente del gremio, que al final suelen tener un denominador común.

Se abordan además subtramas que reflejan problemas reales contemporáneos: narcotráfico, turistificación, precariedad, pérdida de identidad…, el árbol genealógico de una sociedad hostil donde el sentido común no encuentra sosiego.

Una subyugante novela negra

El novelista ha partido de una estructura de literatura oral, muy relacionada con el mar, donde desarrolla dos tipos de capítulos: el genérico, donde se narra en tercera persona, con unas entradillas muy cinematográficas, repletas de acción; y otros mudos en el inicio, contados en primera persona. Estos se dan una vez al día, por lo que hay doce ya que la trama transcurre en doce días.

El balanceo del Alacrán se lee con interés y curiosidad sostenida, de un tirón, gracias también a la fluidez de la prosa de Fernán-López, de gran expresividad emocional, que entra en nosotros por los sentidos. Basta ojear unas páginas de esta subyugante historia para percatarse de que no se trata de un producto precocinado, sino que estamos ante un proyecto literario de autor, escrito con oficio, que respira humanidad.

Julio Iglesias sacó en su disco de 1972, Como el álamo al camino, la canción Un canto a Galicia (Teño morriña / Teño saudade), además de incluir otros éxitos como La vida sigue igual o Gwendolyne. Más de cincuenta años después, tras el añorado Domingo Villar y su inspector Leo Caldas, o María Oruña y El albatros negro, coge el relevo Eduardo Fernán-López con este canto de amor literario a Vigo, al terruño gallego y á xente do mar, ese oficio también invisible pero tan necesario para la supervivencia del ser humano.

Fotografía de Juan Antonio Sánchez.



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