16 Feb Sobre concursos literarios
Mi apreciado compañero Dani Heredia me invitó a escribir en su espacio digital. Y yo, alentado por la necesidad de expresar algunos pensamientos sobre cierto tema relacionado con ese extraño y maravilloso mundo literario que ambos compartimos, me dispuse a recuperar una de mis entradas de Substack y darle algo de chapa y pintura para adecuarla a su blog.
La entrada en cuestión abordará un tema interesante y controvertido: el insondable país de los concursos literarios. A la hora de comentar sobre ello, no lo haré desde el punto de vista del dogma de fe ni de aquellas fórmulas magistrales que siempre funcionan. Sobre todo, porque, ojo al dato, dichas fórmulas no existen. Si os topáis con alguien que las venda como crecepelos, huid todo lo rápido que podáis. En este caso, haremos una cosa que me parece de sentido común: adoptar el prisma de la experiencia, puesto que siempre me ha parecido el más fiable de todos, principalmente porque aquello que forja dicha experiencia, todo evento que va transcurriendo durante tu carrera, acaba siendo irrefutable, para bien o para mal.
He ganado algunos concursos literarios durante mi travesía de tinta y renglones. Pero, sobre todo, los he perdido. A puñados. A borbotones. Es lo habitual. Lo normal es que no ganes un concurso en el que has participado. Y eso hay que asumirlo. Y cuanto antes, mejor. Hablamos de gestión de expectativas. No es pesimismo, es pura estadística. Hay mucha, muchísima gente escribiendo. ¿De verdad creéis que va a salir vuestro boleto entre el puñado de participaciones que giran y giran alocadamente en el interior de la esfera de la lotería?
Es difícil, pero, por supuesto, para eso estamos aquí, para intentarlo.
Hay una buena noticia. Hoy día existen muchos certámenes a los que optar. Un número elevado de ellos, de todo tipo y pelaje. Sí que es cierto que, si dedicamos una mirada atenta a dicho grupo, localizaremos varios que dejan entrever ciertos patrones cuyo aroma pueda evocarnos al vino rancio.
Por ejemplo, cláusulas leoninas. Como dicen hoy día, una red flag de manual. Por ejemplo: «Conservaremos los derechos de tus relatos durante tres generaciones de tus apellidos». O «requerimos diez copias impresas de tu relato encuadernados con pan de oro. Adjunta tu currículum de escritor validado por el espíritu de Kafka recién levantao».
No. Ahí no es, os lo aseguro. No tiene ningún sentido. Es como si establecieran una serie de barreras para que nadie se acerque a ellas y puedan participar los tres o cuatro que ganan siempre.
Después, tenemos la temática, que puede ser de todo tipo. Y eso está bien. Es como si hubiera múltiples tipos de loterías en los que participar. Intentemos poner la estadística de nuestra parte, aunque sea un poquito. Pero con cabeza, oiga. Que yo puedo intentar ganar un certamen de romántica con delfines, pero si no es lo que mejor se me da, pues no lo voy a tener nada sencillo.
Mis fortalezas están en la fantasía urbana, el terror o el thriller. Pues voy a ir por ahí. Para una vez que la lógica puede aplicarse en este dédalo de caminos inhóspitos que es la literatura, vamos a aplicarlo.
Por cierto, como baza interesante para no perderse en el maremágnum inmenso de certámenes, os recomiendo con fervor buscar BusConvocatoria y Finales Cerrados, páginas que os servirán para tener un índice útil de convocatorias cercanas en el tiempo.
Como decía al principio, he ganado algunos concursos. Thriller en relato corto con el Riverside 2023 de Cádiz, ciencia ficción con el Yunque Literario 2024 o, como pináculo auténtico de mi carrera de escritor, aquella ocasión que gané el certamen de Relatos de Vino y Gastronomía que organizaba la añorada onubense Belika Acién, donde fui obsequiado con una paleta ibérica fastuosa del Andévalo. Ya les gustaría a los del Premio Planeta contar con esa condecoración. ¡Y un jamón!
Pero, por encima de todo, he aprendido mucho, ganando y perdiendo. Os recomiendo la experiencia. Y si ganáis alguno, y os dan un jamón, por favor, poneos en contacto con nosotros, que ya nos encargaremos de evaluar si la calidad del premio acaba estando en consonancia con la del relato presentado.

Gaditano a tiempo completo, arquitecto software y escritor a media jornada.
Autor de La llave de los misterios y La ciudad oscura.