Compromiso con la creatividad humana

En este blog tienen cabida muchas voces. De hecho, quien hoy firma no es Daniel Heredia sino Andrés Anguita, encargado de los engranajes de la página. Encantado. Y hablo en nombre del primero cuando digo que no se han utilizado ni se usarán atajos de inteligencia artificial en los servicios que aquí se ofrecen. Los textos se construyen tecleando. Dicho queda.

Observa que he destacado en cursiva la palabra «inteligencia». No es solo con intención de levantar un poco el meñique, sino porque hay que entender que una IA, o para ser exactos un modelo de lenguaje a gran escala (LLM, siglas en inglés de Large Language Model), no es más que una herramienta hipervitaminada de texto predictivo, mutatis mutandis. Los chatgepetés distan mucho del HAL de 2001, como precisamente explican desde IBM: «Durante el proceso de entrenamiento, estos modelos aprenden a predecir la siguiente palabra en una frase en función del contexto proporcionado por las palabras anteriores». Sé que el aprendizaje profundo lleva esto mucho más lejos, y el objetivo es la inteligencia artificial general, pero aun así.

Me contaba mi madre que, de muy niño y aún sin saber leer, hacía la pantomima de hojear los troquelados que me habían contado mil veces, recitando de memoria las palabras de cada hoja e incluso pasándolas cuando tocaba, como un pianista ciego. Para el no avisado, aquel sucio fraude preescolar era una anomalía rayana en el valle inquietante… Estas tecnologías y su entendimiento me producen una sensación similar.

Ahora bien, en la práctica, habiendo probado DeepSeek y Gemini, además de otros modelos más pequeños ejecutados en mi propia máquina a través de Jan, reconozco que los resultados son, en general, excelentes. Todo hay que decirlo. He obtenido chaparrones de ideas para posibles relatos en cuestión de segundos, ristras de textos publicitarios perfectamente válidos –con cuatro ajustes– que habría tardado horas en escribir au naturel, amén de prototipos de sitios web que podría presentar como referencia a cualquier cliente. Y estas tecnologías del lenguaje seguirán creciendo, alimentándose de nuevos textos, refinándose. Entonces, ¿por qué rechazarlas?

Libros escritos por nadie

Si estás leyendo esto, ¡enhorabuena! Estás leyendo. Formas parte de una minoría que ahora mismo no está mirando videos en redes sociales. Además, al otro lado del aparato ha habido alguien, servidor de usted, que ha elegido estas palabras ante la representación retroiluminada de un folio en blanco. La magia de la comunicación escrita, señoras y señores.

Pues este mecanismo milenario también está en peligro de extinguirse, o deteriorarse hasta la irrelevancia, por la irrupción de incontables contenidos generados por IA: entradas en blogs, noticias en prensa, libros en Amazon; personas, mensajes e interacciones en redes sociales… Ya que, precisamente, esta es la materia prima de la que se nutren los modelos de lenguaje, la avalancha incesante de material creado con inteligencia artificial nos sitúa en un panorama donde, como si fuera esto una canción de Jorge Drexler, las máquinas devolverían textos creados sobre la base de textos que han sido generados por esas mismas máquinas. Internautas, internet ha muerto.

Lo anterior tendería a homogeneizar todavía más los contenidos, en una suerte de endogamia digital pariendo a granel artefactos sin verdadero interés ni singularidad. ¿A quién le va a gustar algo así, sin chicha ni limoná, sabiendo además que lo ha pergeñado un algoritmo? ¿De quién te vas a fiar, con quién vas a discutir en redes sociales, si puede que todo sea una simulación comercial o propagandística? Por cierto, esto es la chicha.

Más allá de lo catastrofistas que queramos ponernos, al mismo tiempo que la automatización pretende intermediarlo todo, el marchamo de «creado por humanos» es un aspecto cada vez más valorado por el lector. Y si pensamos en el ámbito de la asesoría literaria, para mejorar como escritor lo que busco es alguien con nombre, apellidos y trayectoria, que bajo su criterio y su intuición me filtre, me ayude, me guíe, me retroalimente, me dé alas y restrinja hasta encontrar una voz que identifique como mía. No quiero que me teletransporten a Estambul, sino una litera para viajar sin prisas en el Orient Express. Lo del destino y el camino.

Por eso no creo que funcionase aquí el ofrecer servicios de asesoría literaria «ahora con IA», o informes de lectura generados con NotebookLLM. Deshumanizaría una dinámica que considero intrínsecamente artesanal. De autor. Aplicar la inteligencia artificial a la creación de novela me parece, regardez la boutade, una novelería.



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